16 mar. 2011

Marx y la financiación de la educación superior

La expansión de la educación superior ha hecho que se discuta cada vez más a menudo la conveniencia o no de la gratuidad o la cuasi-gratuidad que suponen tasas académicas fuertemente subvencionadas, el aumento de tasas, etc. Las alternativas suelen combinar el aumento de las tasas, para acercarlas más o menos al coste real, con una expansión del número de becas (no reembolsables) y préstamos (reembolsables) y de ayudas o criterios compensatorios dirigidos a la población menos favorecida económicamente, que
El tema tiene mucho de tabú, pues enseguida se enfrenta a toda la parafernalia de argumentos presuntamente igualitarios, y eso puede terminar con la carrera política de cualquier ministro de educación. El último caso fue el del Reino Unido, donde el anuncio de un sistema de tasas menos subvencionadas y aumento de las becas dio lugar a serios disturbios y al allanamiento por los estudiantes de la sede del Partido Conservador, pero la polémica no ha estado ausente en España ni en ningún otro lugar.
Resulta interesante leer lo que escribió Karl Marx en la llamada Crítica del programa de Gotha, es decir, en la crítica del programa de la socialdemocracia alemana aprobado en el congreso de Gotha, comentando la demanda de gratuidad general de la enseñanza: “El que en algunos estados de este último país [los Estados Unidos de América] sean 'gratuitos' también centros de educación superior, sólo significa, en realidad, que allí a las clases altas se les pagan sus gastos de educación a costa del fondo de los impuestos generales.”
Algunos países han podido combinar la máxima desigualdad con la gratuidad de la educación superior. La primera vez que fui a Brasil me llamó la atención el contraste entre una enseñanza superior de elevada calidad relativa, en todo caso para estándares latinoamericanos y en algún caso mundiales, y una enseñanza pública privada y secundaria paupérrima pero privada también de calidad. La explicación, bien sencilla: la educación de todos, primaria y secundaria, sin dotar, de modo que las clases altas pagaban de su bolsillo una educación diferenciada, segregada, privada; por el contrario, al llegar a la enseñanza superior, como sólo llegaban ellas la financiaba con fondos públicos. Nada es lo que parece.