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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

9 feb. 2011

EEUU: La "tenure" del profesorado no universitario en cuestión

Cinco estados de la Unión están planeando acabar con la tenure, es decir, con la versión norteamericana del profesor funcionario. Aunque los cinco están gobernados por republicanos, la propuesta cuenta también con apoyos entre los demócratas, que dominan alguno de los congresos estatales involucrados. La tenure estadounidense no llega a la casi impunidad del funcionario español -la National Education Association, por ejemplo, se refiere a ella como "un mecanismo justo de destitución"- pero hace muy complicado, inviable en la práctica, despedir a un profesor incompetente. No es que en los EEUU no se despida a profesores: lo hacen relativamente a menudo, por restricciones económicas, caída de matrícula y otros motivos los centros tanto públicos como privados, pero despiden a los que llevan menos tiempo y no están protegidos por las ventajas de la antigüedad: last in, first out. La propuesta entraña riesgos: posible desprotección frente a grupos de interés o despidos arbitrarios, menor atractivo de la docencia a la hora del reclutamiento, tentación de despedir a los profesores más veteranos porque cuestan más, etc. aunque cada uno tiene su contraargumento. En lo que una mayoría está de acuerdo, a pesar del debate, es en que la tenure no puede mantenerse como hasta ahora.
Esto me recuerda mi primera estancia en los EEUU. Fue en el año 1984, concretamente en la Universidad de Stanford. Un amigo, Henry M. Levin, me puso en contacto con Edwin Bridges, en cuya casa alquilé una habitación por unos meses (anecdóticamente, en esa misma casa se había hospedado Kerensky, el primer ministro ruso derrocado por los bolcheviques, aunque no recuerdo si antes o después). Bridges estaba a punto de obtener el puesto (o sea, la tenure) de catedrático (full professor). Aunque me guardé de decirlo, a mí me sorprendió, pues Stanford es y era una universidad puntera, muy selectiva y muy deseada entre los académicos, y Bridges no tenía apenas obra conocida. De hecho intentaba terminar su primer libro y tenía unos pocos artículos publicados. El más conocido sería pronto uno titulado "Managing the incompetent teacher -What can principals do?" ("Manejando el profesor incompetente  - ¿Qué pueden hacer los directores?), que yo leí en estado de paper y trataba sobre cómo definir la incompetencia, cómo ayudar al incompetente, cómo demostrar aquélla, cómo despedir a éste y por qué valía la pena ocuparse del asunto. A mí, en aquel momento, me pareció extravagante que alguien pudiera dedicar su tiempo a eso. Yo daba por sentado que los profesores lo hacían bien, que tenían razón y que, si alguien era incompetente serían los directores, los administradores o los padres, y me imaginaba a Ed casi como un aguafiestas, un apestado dentro del feliz gremio -lo que, sin duda, no era. Con el tiempo comprendí que  era un precursor y su trabajo pionero, por eso merecía llegar lejos con tan poco. Sus últimos trabajos, por cierto, son sobre  lo que han de hacer los académicos para asegurarse una jubilación tranquila y digna (y se refiere a hacer, no a pedir).