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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

26 jul. 2010

Booker T. Washington

Hurgando entre los habituales cientos de libros electrónicos sin derechos de autor que suelen acompañar como regalo a la compra de un lector, encontré y decidí leer, aunque a beneficio de inventario, la autobiografía de Booker T. Washington, Up from slavery, más por curiosidad hacia su condición de ex esclavo y líder negro que por expectativa alguna sobre su dimensión de educador. Me encontré, sin embargo, con una muy interesante obra, escrita por un hombre que hizo gala de un espléndido sentido común combinado con un elevado sentido de la responsabilidad. Washington decidió desde niño que dedicaría todo su esfuerzo a aprender a leer y a escribir y a obtener toda la educación a su alcance. Con una determinación fuera de serie y afrontando dificultades y peripecias que dejo para quienes decidan leer el libro, se propuso matricularse en la primera escuela normal para negros, fundada en Hampton (hoy es una universidad) por un filántropo blanco, el general yankee Samuel C. Armstrong. Paso a paso logró convertirse en estudiante, conserje, maestro... hasta que le fue encomendada la creación de una nueva escuela normal en Tuskegee, Alabama, en el corazón del sur recién vencido, que transitaba de la esclavitud a las leyes de Jim Brown. De hecho fue con mucho el más importante líder negro hasta que comenzó a ser cuestionado por el enfoque más radical de W.E.B. Dubois (sociólogo, el primer negro graduado en Harvard) y otros.
Seguramente lo ignoraba todo sobre la pedagogía de su tiempo, pues en sus memorias no hay ni la más leve referencia no ya a autores u obras, sino ni siquiera a ideas o fórmulas cuyas trazas puedan conducir a unos u otras. Por lo demás, probablemente tampoco pasaría el más mínimo examen de corrección política, por no decir ya de progresismo, pues fue un estricto reformista, posibilista moderado, admirador de la alta burguesía norteamericana (incluidos los barones ladrones) y de la aristocracia británica,  a muchos de cuyos más representativos especímenes conoció a lo largo de décadas buscando fondos. A su vez, éstos lo jaleaban por su obra, pero también por su claro distanciamiento respecto de cualquier radicalismo, su desconfianza hacia la incursión de los negros en los cargos representativos, etc. A pesar de su opción por tratar a los blancos, y en especial a los del sur, con guante del mismo color, no fue ni mucho menos un Tío Tom, pues a su biografía hercúlea sumo un apoyo decidido, aunque no público, a la batalla judicial por la emancipación.
Washington sostenía una versión micro de la teoría del doux commerce y una idea sencilla sobre el interés mutuo que casi un siglo después recogería, sin darle crédito y para otros propósitos, Milton Friedman. Creía que el reconocimiento del mérito era una ley universal por encima de las diferencias de clase y de raza (y sin duda se veía él mismo como ejemplo). En materia de educación, que es lo que aquí importa, critico despiadadamente la tendencia de algunos negros a aprender latín y griego, en la ingenua creencia de que eso les aportaría distinción y los libraría del trabajo, y la de muchos más a convertirse en maestros y predicadores como una vía fácil para escapar del trabajo físico. Propugnó siempre que los negros aprendieran un trabajo manual, en la idea de que si aprendían a hacer cosas que otros necesitaban tendrían asegurada su independencia: "El individuo que puede hacer algo que el mundo quiere que se haga bien, terminará por abrirse camino a pesar de la raza." "Cualquier individuo que aprenda a hacer algo mejor que cualquier otro -que aprenda a hacer algo habitual en forma no habitual- habrá resuelto su problema, a pesar del color de su piel." Todos los alumnos de Tuskegee, su esposa, sus hijos y él mismo aprendieron, además de magisterio, y practicaron siempre oficios manuales, principalmente relacionados con la agricultura, la construcción y las tareas domésticas
Aunque la crítica de DuBois, el posterior movimiento de los derechos civiles y el Black Power lo relegaron bajo etiquetas de posibilista, moderado, etc., algunas de sus ideas habrían encajado bien en esta nueva era abierta por la elección de Barack Obama. Por ejemplo, su estupor ante la frecuencia con que los negros "parecían depender del Gobierno para todo lo imaginable". Su idea era que la emancipación debía tener una base más económica que política, aunque no lo formulara en esos términos: "El negro será respetado en la medida  en que aprenda a producir lo que otra gente quiere y necesita." Así fue como interpretó su experiencia en la Alabama profunda, cuando vio a los blancos (la white trash, tan proclive a compensar su pobreza segregando y oprimiendo a los negros) aceptar y hasta apoyar su trabajo: "Teníamos algo que ellos querían; y ellos tenían algo que nosotros queríamos."