15 jun. 2010

Una visión bizarra de los salarios

(Este post se basa en los datos adjuntos del Barómetro del Profesorado, del que se publica un informe de síntesis, incluido este comentario, en el nº 3869 (936), de 3/6/2010, de la revista Escuela. Véase www.scribd.com/enguita.)

De la visión que tiene el profesorado de la estructura salarial puede decirse como de las películas: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Valoran poco sus salarios, a pesar de ser relativamente altos en comparación tanto con el conjunto de los trabajadores del mismo nivel de cualificación como con los profesores de otros países.
Pero lo que escapa a toda comprensión es cómo creen que debería ser la distribución salarial. Un profesor de instituto o un director de centro deberían ganar mucho más que un profesor universitario, un juez lo mismo que un profesor de secundaria y que un empleado de banca, un camarero lo que un maestro, etc. No hay lógica identificable en esa distribución: ni la penosidad del trabajo, ni la duración o dificultad de la formación, ni el tamaño del colectivo…: lo que parece explicar una comparación salta por los aires ante otra.
Cabría pensar en una actitud anti-sistema, por la equiparación de los jueces a los bancarios, la colocación de los policías en el fondo de la escala y el ensañamiento con los más cercanos universitarios. Más bien anti-sistema político e institucional, pues no parece afectar a la banca. La conclusión que se impone es el mundo de irrealidad en que parecen vivir maestros y profesores cuando se trata del trabajo y su remuneración, lo que probablemente quiere decir también de los elementos que explicarían (como hecho) o justificarían (como derecho) esta remuneración.