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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

20 may. 2010

A vueltas con la escuela pública y el funcionariado

Andrés Muñoz, del periódico Diagonal, me pidió una breve entrevista para un artículo sobre el funcionariado y el pacto cuya versión final (http://www.diagonalperiodico.net/La-historia-de-un-consenso.html), al parecer por motivos de actualidad y cierre, terminó teniendo muy poco que ver con las preguntas originales y nada con las respuestas. Reproduzco éstas aquí, aunque sólo sea para que no se pierda el trabajo que ambos nos tomamos:
La linea argumental del artículo es que a pesar de la importancia del acuerdo entre los dos principales partidos políticos, existen cuestiones cruciales que persisten en el sistema educativo, pese a las sucesivas leyes de educación y en cierta medida, pese a algunas de las propuestas de este pacto. Una de ellas es el sistema de funcionariado en España. 
Me gustaría que pudiera contestarme brevemente a unas preguntas relativas principalmente a este tema, para poder citarle en el artículo:
- En su artículo Escuela pública y privada en España: La segregación rampante, afirma que la inmunidad, impunidad e inanidad funcionarial ha generado un efecto de desmoralización de una parte del profesorado, ineficacia creciente de la organización escolar y de los mecanismos de participación y descrédito indiferenciado de la educación pública. ¿Cree que este sería un buen momento para cambiar este sistema?, ¿cuál sería la alternativa?.
Cualquier momento es bueno, simplemente porque cuanto más esperemos más daño habrá sufrido la institución y más difícil será reconstruirla. El momento actual puede tener el valor de oportunidad añadido de que somos muy conscientes de los déficits de nuestro sistema (fracaso, abandono, insatisfacción...), aunque otra cosa será encontrarle soluciones. Pero, aun así, me parece difícil, peus cada uno va a lo suyo: el gobierno y el PSOE reaccionan muy lentamente y quieren sobre todo evitar conflictos, el PP disfruta con la idea de que todo se hunda para ofrecerse como salvador, el resto de la izquierda tiene un discurso estratosfético, los nacionalistas solo piensan en instrumentalizar la escuela, los sindicatos están obsesos con la jubilación anticipada, y el pofesorado está confuso y atomizado. Sin embargo, hay que intentarlo.
- En el caso de que el sistema de contratación y control del personal docente cambiara en el sistema público, ¿Ve necesario que se mantenga el sistema dual de centro públicos y privados concertados con financiación pública?
Ojalá fuera suficiente con la escuela pública, pero ésa no es una cuestión de principio, y la dualidad pública-privada está ahí para quedarse. Proviene de la compleja historia de España y es una realidad consolidada. De hecho, si no fuera por la univsalización hasta los 16 y casi desde los 3, la privada ya habría alcanzado a la pública y el alumnado se repartiría por mitades. Pero lo esencial es que el derecho a salvaguardar y garantizar es el derecho a una educación igualitaria y de calidad, y no está escrito en ningún sitio que un profesor funcionario haga eso mejor que un contratado. Cuestión bien distinta es la confesionalidad, que debería ser erradicada
-Existe numerosa bibliografía sociológica que constata que la escuela es uno de los principales mecanismos de reproducción de las desigualdades sociales. Cuando en los borradores del Pacto educativo se habla de equidad, ¿qué medidas cree que se deberían establecer?.
En la sociedad del conocimiento, la escuela no es ya un mecanismo de reproducción, sino de producción de las desigualdades, pues éstas van a depender cada vez más de ella. Yo creo que los criterios de la justicia educativa (y social) deben ser complejos: en primer término, igualdad, es decir, una educación básica suficiente para todos, que permita ser un trabajador competente, un ciudadano consciente y una persona desarrollada (el mínimo podría cifrarse hoy en un educación secundaria postobligatoria de valor equivalente), pero también solidaridad, es decir, recursos compensatorios para quienes parten de una posición de desventaja (física, intelectual, social...); en segundo término, y más allá de la igualdad de base, equidad, a cada cual según su trabajo (su esfuerzo), incluidos el cultivo y el reconocimento de la excelencia para quienes tienen cualidades o ambiciones extraordinarias. Tenemos que erradicar el fracaso, reducir drásticamente el abandono y multiplicar las oportunidades, y eso pasa por eliminar disfunciones como la repetición o la falta de continuidad fuera de la corriente principal y por incentivar la calidad en alumnos, profesores y centros. 
- Por último, ¿es posible hacer un sistema educativo más justo y equitativo sin reformar el resto de elementos del sistema capitalista, tales como el mercado de trabajo, sistema de fiscal...?
Claro que es posible, y ningún aspecto de la vida social, ninguna injusticia, ninguna forma de desigualdad tiene por qué ser dejada de lado a la espera de que se resuelva otra. Creo que ya aprendimos la lección negativa de dejarlo todo para la aurora del Gran Día, de supeditarlo a las grandes soluciones. Por supuesto, la educación no es ninguna panacea, de modo que las soluciones educativas arreglarán problemas educativos y tendrán sólo efectos secundarios, no milagrosos, sobre otras esfera de la vida social. Pero esos efectos no serán nadas desdeñables, menos aún en la Sociedad del Conocimeinto.