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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

27 abr. 2010

Los costes del fracaso y el abandono

Me pregutan de El País, y respondo:

--Se ha cifrado en unos 2.900 millones el "despilfarro" de recursos por culpa del abandono universitario (es decir, c arreras que se dejan o se acaban en más años de los previsto). ¿Es posible calcular el coste del fracaso escolar en la formación no universitaria?

Una respuesta precisa a esta pregunta requeriría por sí sola una larga investigación, pero, si sirve para hacerse una idea, piénsese que el gasto por alumno es de unos 6000 euros en secundaria, unos 1000 euros al año. Sólo el hecho de que más del 40% haya repetido un año a los 15, habiendo 1.800.000 alumnos ya representaría unos 750 millones de euros, que con los que tripiten, etc., se acercarían a los 1000. Añada a eso que en el bachillerato repite cada año casi un cuarto de los alumnos, otros 150 millones de euros; en la FP hay algunos menos alumnos pero también menos promoción, o sea que échele otro tanto. Si miramos su producción futura, el 30% de alumnos que no termina la ESO tiene un 10% menos de probabilidades de ser económicamente activo, un 5% más de probabilidades de estar parado y va ganar un 15% menos. Sólo esto representa respectivamente, más o menos un 3% más el 1,5% más el 4,5% de reducción de PIB, dicho en bruto. O sea, nuestro fracaso educativo nos cuesta en conjunto el triple que la crisis. Esto no es más que un ejercicio mental impreciso, pero da una idea del orden de magnitud del problema.

--¿Qué soluciones crees que puede haber a este gasto de recursos? Hay quien defiende eliminar la repetición de curso y destinar esos recursos a clases de refuerzo, por ejemplo. En la universidad, también se plantea penalizar las segundas matrículas.

Desde luego, aunque el tratamiento debe ser enteramente distinto en la obligatoria, la post-obligatoria y la universitaria. En la obligatoria debería erradicarse la repetición. En términos lógicos es una barbaridad que por no superar una parte menor de los objetivos (téngase en cuenta que fallar, por ejemplo, por el 20% de la nota -un 3 sobre 10- en el 30% de las materias significa gallar en el 6% del total- se haya de repetir el 100%. Es una barbaridad de origen galo que ellos mismos denominan irónicamente el mal francés y que aquí hemos asumido de forma acrítica y sin reservas, quizá por la tradición patria de que la letra con sangre entra. El mejor indicio de esta aberración es que quedamos ligeramente por debajo de los países mejor situados en las pruebas comunes, pero doblamos su tasa de fracaso con nuestras calificaciones, que son nuestras pruebas singulares pero con efectos de selectivos, no sólo informativos. Aunque a quienes identifican calidad con gran número de suspensos les suene extraño, hay que combinar una enseñanza y un aprendizaje de mayor nivel con criterios de evaluación más permisivos, a la vez que dedicar específicamente recursos adicionales a los alumnos con dificultades que son uno de cada tres. Y esto quiere decir, ante todo, mas horas y más días de clase, en cantidades que deben ser moderadas a escala cotidiana pero sustanciales a escala anual.

--¿Cómo es posible mejorar la "empleabilidad" de los universitarios? ¿Qué opina de la tan mencionada falta de vocación técnica de los estudiantes españoles?

Creo que el problema es doble, de oferta y demanda. Arrastramos el menosprecio del hidalgo por el trabajo manual, que se manifiesta en que la mayoría no quiere otra educación post-obligatoria que la académica, pero también los malos usos de una industria que nació superprotegida y que todavía hoy se basa en gran medida en el trabajo poco cualificado y los bajos salarios. Creo que debemos, a la vez, flexibilizar el mercado de trabajo, para que tenga mayor capacidad de absorción, y los sistemas de protección, para que nadie pueda caer al suelo sin red.

--¿Cree que un reto pendiente la formación continua en España? Es decir, potenciar la reformación durante la vida laboral.

Lo es. Aparte de unos pocos gremios minoritarios y altamente cualificados, en España descubrimos la formación continua al entrar en la Unión Europea. No terminamos de sentir la necesidad porque tenemos, como he dicho, una empresa privada de bajo nivel tecnológico, a la que se unen unas profesiones liberales hiperptotegidas por monopolios legales y un ecor público poco eficiente, porque no está sometido a un sistema eficaz de rendición de cuentas. Pero la formación permanente, ulterior, va a pasar a ser tan importante como la inicial o más.

En una economía global e informacional los tranajadores de una sociedad avanzada están sometidos a una fuerte competencia por parte de los trabajadores del resto del mundo y de las máquinas, que pueden reemplazarlos. Básicamente hay tres maneras de competir: acepar reducciones salariales, lo qu a nadie le gusta; protegerse mediante barreras legales, lo que a medio y largo plazo es desastroso para la productividad y para la economía; y aumentar la productividad a través del aumento de la cualificación, que no sólo es más eficaz para quien lo hace y gana así posiciones en la competencia, sino incluso para quien las pierde, por la calificación se traduce también en innovación, mejores productos y servicios, etc. Es un juego de suma positiva, en el que todos ganan, mientras que la competencia salarial es un juego de suma cero, donde unos ganan lo que otros pierden, y la protección contra la competencia lo es de suma negativa, en el que el balance general es que hay más pérdidas que ganancias.

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