8 abr. 2009

¿A quién le importa el tiempo del alumno?

Con retraso, el Ministerio se dio cuenta de que repetir curso hace más mal que bien, pues el alumno no sólo ha de aprender lo que no aprendió, sino repetir también lo que sí, en vez de algo nuevo; de que era incongruente que las carreras universitarias puedan hacerse en cualquier orden y secuencia (excepto asignaturas secuenciadas) mientras en secundaria se pone a los adolescentes en el disparadero del abandono prematuro; de que, en fin, ningún aprendizaje sensato puede añadir, a la necesidad de volver sobre lo no aprendido, la de autolacerarse fingiendo reaprender lo aprendido. Pero llega el Tribunal Supremo y decide que, si la LOE niega la promoción con más de dos supensos (cierto) y si los magistrados interpretan que cursar algunas asignaturas del año ulterior es promocionar (arbitrario, pues podría interpretarse así o al revés), los adolescentes que ya perdieron su tiempo tendrán que perder más para que la doctrina cuadre. Dura lex sed lex.

¿A quién le importa? A nadie: si no alcanzas el nivel, debes repetir las asignaturas y el curso entero, pero pensar siquiera en emplear más tiempo en el propio curso, antes de repetirlo (jornadas más largas, clases suplementarias, de verano) es tabú. ¿Por qué? Porque esto afectaría al tiempo del profesor, que es sagrado, mientras que aquello se hace a costa del tiempo del alumno, que se puede despilfarrar.