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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

27 sept. 2008

Viaje intergaláctico sin piloto

La escuela se universalizó ante una nueva tecnología en la acumulación, conservación, transmisión y distribución del conocimiento: la imprenta. Ésta iba a abrir potencialmente a todos los textos sagrados, legales, filosóficos o técnicos, haciendo posible la reforma religiosa (sacerdocio universal y supresión de intermediarios ante el cielo), el Estado de derecho (la ignorancia de la ley no excusa su incumplimiento… si cualquiera puede ya leerla), el espíritu reflexivo de la modernidad (el pensamiento de segundo orden va más allá de unos pocos) y la difusión tecnológica (el aprendizaje fuera del terreno). A condición, claro está, de saber leer y, en alguna medida, escribir, y para que así fuera se dispuso de un verdadero ejército experto. Maestros y profesores fueron la infantería de la lectura y la escritura. Dominaban ambas y estaban, así, en las mejores condiciones de hacerlas llegar al resto.

Hoy vivimos una revolución similar en el grado de ruptura con lo anterior. La internet multiplica al infinito el acceso potencial a la información, reduce sus costes casi a cero, sustituye la emisión (uno a muchos) por la comunicación masiva (muchos a muchos) y exige capacidades nuevas para buscar, ponderar, seleccionar y tratar la información y crear conocimiento. Naturalmente, requiere manejar ciertas técnicas: al menos un buen nivel de informática de usuario y una visión general de la gama de recursos disponibles. Pero, en lugar de un ejército de alto nivel, tenemos unas tropas variopintas, más a menudo desaliñadas y patéticas que lo contrario. Docentes que se defienden en la red bastante peor que el adulto medio de su nivel formativo, tal vez peor que el adulto medio en general y además peor que muchos de sus alumnos. Más en ella se defienden de ella rechazándola, ignorándola o trivializándola. La institución que nos condujo a la  galaxia Gutenberg nos paraliza ante la galaxia Internet.