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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

5 jun. 2008

Raíces digitales

Hace cien años, emigrar era romper con el lugar de origen, del cual sólo se recibirían, a partir de entonces, contadas noticias en viejos ejemplares de revistas, de boca de nuevos inmigrantes o en las escasísimas reseñas de la prensa del lugar de destino. El proyecto del inmigrante era, ayer como hoy, volver a su tierra de origen con el capital suficiente para empezar un negocio o terminar su vida, pero, una vez que esto se mostraba inviable por motivos económicos o por la oposición de los hijos, incorporarse o no a la sociedad de acogida era la disyuntiva entre la integración y la marginación, pues no había opción.

“Mis raíces. Mensajería de Charo”. Así reza el cartel de un típico minúsculo locutorio situado en una céntrica callejuela madrileña. Dentro no hay jaulas con palomas mensajeras, ni siquiera telégrafos o teléfonos tradicionales, sino acceso a la internet, VoIP, videoconferencia, Messenger, recarga de tarjetas, etc., es decir, variados sistemas que permiten la comunicación rápida y barata. No lejos, un barcito no mucho mayor alterna Caracol TV recibida por televisión satélite con vídeos de RCN u otras cadenas colombianas sintonizadas por la internet. Y quien dice Colombia dice Ecuador, Perú, Marruecos, Rumanía o cualquier otro foco de inmigración en España.

Hoy, como ayer, el proyecto es regresar, pero los soportes digitales, la telefonía móvil, la televisión o internet ofrecen oportunidades antes impensadas de mantenerse en contacto con la cultura de origen y también, en consecuencia, y sobre todo a partir de cierta masa crítica, de recrearla aquí. El inmigrante ya no está desarraigado sino simplemente trasplantado. Por eso nuestras sociedades serán cada vez más, guste o no guste, multiculturales, y el problema de la escuela no es pergeñar una cultura común (esa surgirá en todo caso, pero con contenidos imprevisibles y en paralelo a las culturas específicas) sino hacer posible una ciudadanía compartida, que es algo bien distinto.