7 may. 2008

Discriminación adversa

Cuando al juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 5 de Torrejón de Ardoz (Madrid) –que llevaba el caso de maltrato de Sylvina Bassani, a quien su ex marido asesinó el 10 de abril- le fue asignada la competencia en casos de violencia de género, los funcionarios –aunque no todos- pidieron el traslado. Cuando fue asesinada, seis de los nueve eran eventuales e inexpertos (los que no habían podido elegir), por lo que todo iba peor y más despacio.

Leí esta noticia en el jardín de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, donde debía tener lugar la primera sesión de un con congreso sobre “La posición de la común en la educación”. Y la leí en el jardín porque, en un día en que la ciudad se había llenado de humo por la quema incontrolada de pastizales a unos cien kilómetros, el sindicato decidió que había que cerrar el edificio. Por si alguien se lo pregunta, el humo no era tóxico (aunque sí espectacular) y el edificio era un lugar más sano y  seguro que la calle y, seguramente, que la mayoría de las casas (para eso tenía aire acondicionado con unos estupendos filtros). Pero, claro, era la mañana del viernes, ¿cómo resistir la tentación?

Cuando el algún centro educativo se forma o destaca un grupo de alumnos, por cualquier motivo, más complicado, los profesores más antiguos –aunque no todos- eligen otro. Cuando un centro como tal aparece como un centro problemático -típicamente por una fuerte presencia de inmigrantes, de minorías, de población marginal-, los profesores –aunque no todos- echan mano de los puntos y se van.

Hace casi medio siglo que los ingleses vieron que las Educational Priority Areas (zonas de prioridad educativa, a las que se dedicaba un esfuerzo compensatorio) se iban a pique por lo mismo. Los privilegios (mal llamados derechos)  laborales asociados a la veteranía, la antigüedad de los funcionarios, etc., operan en los servicios públicos como una forma de discriminación adversa. No somos, pues, ni la única profesión ni el único país, pero eso no nos hace mejores.

3 comentarios:

  1. Mariano, exactamente lo mismo hacen padres, madres y hasta el espíritu santo si me permites la ligereza. Y digo espíritu santo sin intención devota alguna, sino en clara alusión a que el “ ellos hacen” equivale al “nosotros hacemos”, porque exactamente lo mismo hacemos con nuestros hijos los profesores, las profesoras y las madres superioras, esta vez referidas no a orden religiosa alguna sino refiriéndome más bien a nuestras autoridades educativas y demás líderes carismáticos que desde cómodas situaciones laborales pregonan un sistema educativo igualitario y solidario bajo las mismas prácticas citadas anteriormente tanto en lo referente a hijos propios como en lo referente a destinos igualmente propios, y siempre apuntando a los centros elegidos (libertad de elección) en los cuales regularmente son aceptados (libertad de aceptación) con la clara consecuencia de que en los centros que citas quedan siempre el mismo tipo de alumnos, padres, madres, profesores y demás corte celestial. El sistema funciona perfectamente no precisamente por su bondad y eficiencia, sino por el tácito apoyo práctico que todos le damos por acción (eligiendo el que puede o sabe) o por omisión (dejando las cosas como están).

    Nuestro sistema es profundamente selectivo, sobre todo en las etapas educativas obligatorias, tanto dentro como fuera de las redes públicas. El tipo de centro es la base de la selección, no es una selección precisamente basada en criterios académicos sino más bien debida a factores sociales y de clase. Cuesta entender esto cuando median fondos públicos pero sobran vías para validar este tipo de prácticas. Busca cualquier barrio de cualquier ciudad española y seguro encontrarás alineados dos o tres tipos de centros que miméticamente reproducen por no decir clonan las dos o tres clases sociales comunes en nuestro medio social.

    Un solo matiz a tu comentario, “…Cuando en algún centro educativo se forma o destaca un grupo de alumnos, por cualquier motivo, más complicado…” , más concretamente “formamos un grupo de alumnos” y no “por cualquier motivo, más complicado” sino lisa y llanamente por la penuria asociada a grupos sociales deprimidos o problemáticos por causas diversas a la vez que adversas.

    En esta “discriminación adversa” que citas estamos todos, es social y trasciende el ámbito funcionarial y administrativo. Parece de común aceptación el carácter asistencial de determinado tipo de centros junto al rigor y formalismo académico de sus homólogos que suelen presentarse bajo la fanfarria de un mejor proyecto educativo o una excelencia académica tan patente como presunta.

    En estas cuestiones, el carácter instrumental del sistema educativo, que también lo tiene, nos lleva Mariano. Más que de la mano caminamos a su paso y de un buen grado excesivo, diría yo.

    Desde luego no somos los únicos ni los mejores, ¿ a alguien le cabe aún la menor duda ? .

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  2. Mariano Enguita: este post describe con exactitud la situación sindical-educativa de al Argentina.. Coincido totalmente con los ejemplos dadosy su análisis:
    Aquí también los maestros más antiguos hacen uso de sus privilegios para eludir a los grupos destacados, por cualquier razón, y a las escuelas marginales. Esto último acarrea la tragedia de la incapacidad de formar equipos de docentes comprometidos y con vocación en las escuelas de los suburbios. Estos establecimientos son utilizados para “titularizarse” (léase conseguir un puesto público de por vida sin el riesgo de ser evaluado, ni supervisado y con la imposibilidad absoluta de ser removido por más vago que se sea o mal que se trabaje o tragedias que se cause) y trasladarse, cuanto antes, a una escuela “como la gente).
    Aquí también los sindicatos están a la espera de cualquier situación “anormal” para dictar un paro. Obviamente en la mayoría de los casos los días viernes o lunes (Previa distribución de lo correspondientes panfletos turísticos de los sindicatos con ofertas irresistibles para pasar un fin de semana largo en el mar, las sierras o las termas, lo mismo da). Pero si esos hechos “anormales” no brindan excusa, cerca del último bimestre los sindicatos en unión de lucha (por sus privilegios tales como que el Estado les pague sus licencias sindicales, o cobrar %50 extra por ser miembro de alguna junta o simplemente por cobrar sin trabajar) organizarán dos o tres paros en un mes (para perder presentismo una sola vez) y con consignas de una gran vocación de “clase”: basta de pobreza, súper aumento de sueldo, viva la escuela pública, felices los niños, blancas palomitas, y como siempre más licencias.
    Aquí también la Zona de Atención Prioritaria (ZAP) cuenta entre sus peor enemigo a los sindicatos y a los maestros veteranos. Los maestros de este programa del GCBA son los maestros más humanos del sistema: no maltratan niños, llevan a las aulas literatura, ante los conflictos violentos proponen otras salidas que no sean aumentar la vigilancia y el control, leen y estudian permanentemente, planifican a conciencia sus clases, respetan la diversidad de los alumnos, respetan sus conocimientos previos, etc. Es así que son boicoteados sistemáticamente por los maestros más antiguos da cada centro y por los sindicatos que se oponen al programa poniendo el grito en el cielo porque los maestros ZAP no son elegidos por el drwinista sistema de puntaje que sostiene la corrupción sindical

    Lamento mucho no haber estado enterado de su visita a nuestra ciudad. Me hubiese gustado saludarlo y compartir algunas experiencia que llevamos adelante en un barrio marginal tomando como base algunas ideas de su libro “¿Es pública la escuela pública?”. Difícilmente pueda ir alguna vez en mi vida a España (de donde vinieron mis abuelos) así que esperaré su próximo arribo a La Reina del Plata.

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  3. Anónimo13:32

    Me quedo flipao con la plantilla de adoradores que tenéis los logsianos en Sudamérica

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