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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

25 feb. 2008

Irresponsable Rajoy

El Sr. Rajoy, el de las ideas claras (¿han visto la foto electoral?, ¿lo dejarían ustedes a solas con su hijo pequeño?), ha descubierto que en las clases populares hay un caladero de votos en el que podría morder con una buena demagogia sobre la inmigración. Después de todo, las clases altas tienen muy claro de dónde salen sus jardineros, vigilantes, asistentas, etc., y no van a los mismos colegios ni hospitales ni viven en los mi9smos barrios que ellos, pero las clases populares, aunque también obtienen mercancías y servicios más baratos gracias su llegada, sólo los ven detrás del mostrador (donde el genio Cañete ya ha dictaminado que no lo hacen tan bien), o ni siquiera los ven detrás de los productos empaquetados (el fetichismo de la mercancía, que diría Marx), y en cambio se los encuentran en los ambulatorios, en las aulas y, a veces, hasta en la cola del desempleo, además de en el portal y en la plaza, donde pueden llegar a pensar que deberían tener prioridad o incluso la exclusiva. ¡Qué  perversidad, la de estos inmigrantes, que se niegan a esfumarse cuando termina su jornada, como les pedía el alcalde (PP) de El Egido!

Rajoy, que está a todas, no sólo inventa un estrafalario e innecesario contrato de buena conducta (como si no bastaran las leyes) sino que decide prohibir el velo en las escuelas. Es tan creativo que comienza por confundir velo y pañuelo (aquí nadie lleva velo, hoy por hoy). A continuación se da cuenta de que un tercio de los centros son privados, y no será él quien les diga lo que tienen que hacer, así como de que no todo el mundo piensa como él, y decide que lo mejor es dejarlo en manos de los directores. ¡Lo que faltaba: un derecho fundamental al arbitrio de los directores, como si necesitaran más problemas! Nuestro genio se lava así las manos y deja a cada cual imaginar el futuro: escuelas tolerantes, excluyentes o sectarias, según sus preferencias, y la patata caliente para el gremio, que a él le basta con los votos.