16 ene. 2008

Mejor Occam que Zapatero

Cuando el último informe PISA nos dice que el sistema educativo español -sin ser catastrófico, como parecen creer e incluso desear algunos, para que se demuestre así lo mal que lo hacen los otros- no brilla precisamente con luz propia y más bien pierde fuelle, el presidente Zapatero quita hierro al asunto y lo atribuye a la escasa educación de las generaciones anteriores. Aduce, pues, el entorno, las condiciones sociales, el medio familiar, propone no considerar aisladamente la escuela sino verla como parte de la sociedad y nos recuerda que no debemos olvidar la historia, que es más rica en información la película que la foto. Como sociólogo, yo tal vez debería celebrar todo esto, pero, como dicen ahora, va a ser que no.

Y no es porque piense que se responsabiliza a la familia, como grita a coro la derechona, sino sencillamente porque no es una explicación sino una excusa.  Finlandia y Corea del Sur, que encabezan todas las listas, no estaban mejor sino peor que nosotros hace una generación.  Si tomamos como indicador, por ejemplo, la escolarización en preprimaria, en Finlandia era del 18,1% en 1978/79, en Corea del 18,9 en 1985 y en España del 69,3 en 1978-79. Sencillamente, ellos han mejorado sin cesar y nosotros seguimos un camino errático.

Existe en la ciencia un principio llamado la navaja de Occam, o lex parsimoniae, que recomienda no introducir en la explicación ningún elemento que no sea estrictamente necesario. Si el sistema escolar funciona mal, debemos partir de la idea de que las causas están el propio sistema, empezando por los centros. Lo demás son excusas, cortinas de humo, maneras de perder el tiempo, y quien quiera aducir otras causas tendrá que soportar la  carga de la prueba; esto es, demostrarlo y no simplemente decirlo. Como en este país siempre hay alguien que se ofende, el hecho de que Zapatero se haya arriesgado a ofender a los padres sólo revela el miedo cerval de los políticos a ofender a los profesores.