2 nov. 2007

Lailolailo oportunista

Estarán contentos los partidarios del lailolailo viendo que todo un lehendakari  se revela incondicional cumplidor del ritual los-las: los vascos y las vascas, como repite hasta el aburrimiento. Lo que no se preguntan es por qué ese ataque de feminismo, o de no sexismo. Quizá lo atribuyan a una especial sensibilidad del caballero hacia las cuestiones de género (que no muestra hacia las víctimas de la violencia) o al peso decisivo del colectivo docente en la sociedad vasca y, por tanto, en sus dirigentes (que no ha logrado civilizar a buena parte de sus alumnos).

Cualquier político que no sea del ramo educativo, e incluso algunos de éstos, lo habría resuelto con una o unas pocas invocaciones (o ninguna, que tampoco es pecado) a los “hombres y mujeres de Euskadi” y, a partir de ahí, la ciudadanía, el pueblo vasco u otro sustantivo inespecífico. El problema es que el lehendakari no quiere decir “la ciudadanía” (ni siquiera ciudadanos y ciudadanas) por dos sencillas razones: la primera, que ese concepto se asocia al ius soli; la segunda, que, hasta la fecha, lo que ha hecho de ellos ciudadanos ha sido España, no el País Vasco. Decir el pueblo vasco no sería oportuno, al menos de momento, también por dos motivos: primero, porque este concepto  se asocia al ius sanguinem; segundo, porque en euskera se traduce euskal  herria, el tema favorito de  HB.

La solución: los vascos y las vascas. Ellos y ellas son los sujetos de derecho, ellos y ellas decidirán, etc., y el concepto es lo bastante étnico para satisfacer a los radicales (¿quién es vasco: el que vive y/o trabaja allí o el que tiene cuatro apellidos… -y, los demás, como los alemanes en Mallorca, que decía Arzalluz?). El lehendakari deja la puerta abierta a un voto étnico, si no hoy mañana, mientras los panolis se dejan despistar y celebran su pulcro lenguaje no sexista.  Ya he dicho alguna vez que el uso del doble género no ayuda a razonar.