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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

12 oct. 2007

Un respiro para los adolescentes

Un sabático, o un gap, consiste en tomarse un año entre el bachillerato y los estudios superiores, algo que hacen cada vez más jóvenes, aunque todavía pocos. Cuanto más lo pienso, y más me fijo en la incertidumbre, primero, y los errores, después, de los jóvenes en el tránsito a la Universidad, más razonable me parece. Empecemos por considerar que un joven típico que, sin retrasos, termina la secundaria a los 18 años lleva ya, casi seguro, quince o más escolarizado. En ese tiempo es probable que la presión institucional de la escuela, los tal vez mejorables consejos familiares y el dulce ambiente sofocante de los amiguetes no le hayan permitido pensar, seriamente y con calma, por dónde ha de ir su futuro. Lo vemos en el alto porcentaje de jóvenes que en vísperas de la Universidad no saben aún que van a estudiar, en la dispersión de sus opciones y en la elevada tasa de abandonos y cambios. En esas circunstancias, un año de respiro puede ser más que saludable.

Quienes piensen que es un retraso, consideren solamente, primero, que un año no es nada frente a lo que ha aumentado la esperanza de vida y, segundo, que más vale un año bien aprovechado en otras cosas que uno o más años después por cambiar de carrera o por abandonar los estudios, sin hablar ya de la posibilidad de dedicar el resto de la vida a algo que no les interesa. En todo caso, un año libre se puede llenar con muchas cosas, siempre más próximas a los intereses e inclinaciones personales: algunas lúdicas, como viajar o cultivar alguna afición; otras estrictamente formativas, como aprender lenguas, informática, a conducir, etc.; otras, en fin, más relacionadas con la orientación profesional y la elección de un futuro, como quizá una experiencia de trabajo próxima a las opciones que se estén manejando.

Ya sé que éste es, ante todo, un problema de clase media, pero nadie debe pagar por los pecados de sus padres. Mind the gap!