6 may. 2007

La escuela y la comunidad

Hubo un tiempo en que las escuelas eran injertos nuevos en comunidades largamente establecidas. A una aldea o un pueblo que llevaban ahí cientos de años, o a barrios obreros en los que las mismas familias habían vivido por generaciones, llegaban una institución nueva, un maestro formado en otro lugar y una cultura eminentemente urbana. Se dijo en su momento que el maestro era, por eso, un extraño sociológico. Esto tenía sus inconvenientes, en particular su escasa disposición a comprender u otorgar cualquier reconocimiento a la cultura popular, aunque también tenía sus ventajas, pues la escuela era precisamente una ventana a un mundo que, de otro modo, difícilmente habría llegado ahí.

Esa relación entre la institución y la comunidad ha cambiado de forma espectacular. La nueva familia típica, ahora, se desplaza a un lugar que no es ya el de sus padres, sea porque cambia de ciudad o porque ha de ir a un anillo más periférico. Esta movilidad geográfica, a menudo también ocupacional y social, convierte a todos en recién llegados. En su nuevo barrio, sus primeros amigos suelen ser los padres de los amigos de sus hijos; la primera institución en la que pasan algo más que un cuarto de hora para pedir un certificado es la escuela; la primera asociación a la que se afilian o con la que se relacionan es la de padres de alumnos; es posible que también voten ahí, que se reúna en ella su comunidad de propietarios, que acudan a clases de gimnasia aeróbica, etc. No digamos ya si no se trata de nativos cambiando de barrio sino de inmigrantes llegados de otro país: la escuela no sólo será su primer escenario público sino también aquél en el que su forma de estar y ser tratados les acerca más al estatuto de ciudadanos, tal vez el único.

La consecuencia es obvia e inequívoca: la escuela ya no se impone ni se superpone a la comunidad, sino que es la mejor oportunidad y puede ser el más eficaz instrumento para (re)construirla. Por eso resulta tan desolador cuando se pasan la mitad del tiempo cerradas o dan la espalda a su entorno.