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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

29 may. 2007

Clasista sí, pero ¿cómo?

Aunque ya menos, todavía se oye de vez en cuando hablar del sistema educativo como un sistema clasista en el que los hijos de la clase capitalista lo tendrían casi todo y los de la clase trabajadora poco más que nada, como la escuela del capital. Más que del trabajo, desde luego, lo es, pero la cuestión no es esa.

Si me disculpan la pereza de utilizar cifras de un informe de 2002 basado en datos del censo de 1991 (datos más recientes ratifican, y más, lo que voy a decir, pero requerirían una elaboración para la que no tengo ahora tiempo), lo explicaré con sencillez. Quienes quieran más detalles pueden ver el informe Las desigualdades de educación en España, II, del CIDE (http://www.mec.es/cide/), donde encontrarán los datos de dos estudios de Torres Mora (1991) y Calero y Bonal (1999) en los que se comparan las tasas de escolarización, año a año, de los 3 a los 24, de distintas clases sociales en 1981 y 1991. Las distintas categorías ocupacionales del censo fueron agregadas en seis grandes clases sociales: capitalistas (empleadores privados), clases medias (c.m.) patrimoniales (yo diría pequeña burguesía tradicional), c.m. funcional superordinada (profesional directiva), c.m. funcional subordinada (empleados de cuello blanco y supervisores) y clase obrera. Sus tasas de escolarización a los 20 años en 1991 eran, en el orden citado, 58.1, 42.6, 86.0, 60.1 y 31.5 (media 43.4%).

Los números cantan: la clase obrera está mal, muy por debajo, y la pequeña burguesía sólo ligeramente por encima de la media. Los capitalistas están casi el doble mejor, pero los empleados medios están algo mejor que ellos y los profesionales y directivos, muchísimo mejor, son los reyes del mambo. ¿Escuela de clase, pues? Sí, pero de otra clase, de la que basa sus privilegios en la posesión diferencial de conocimiento (no de tierras o máquinas), de aquella en cuyas filas formamos nosotros, los profesores.