4 feb. 2007

Los dos cuerpos del rey

Hay ideas conservadoras sobre a la disciplina que me agradan. Una es de Sarkozy: “Quiero una escuela en la que los alumnos se levanten cuando el profesor entra en el aula”. Yo también: una rápida puesta en pie, un inmediato gesto de apercibimiento (ni siquiera permiso) y a sentarse y a trabajar; serían un buen recordatorio de quién es la institución y quién el institucionalizado y de que se acabó el recreo. Implica también que los alumnos estén antes y el profesor a su hora, lo que no siempre pasa.

Otra es considerar al profesor como autoridad pública ante las agresiones. No se trata de convertirlo en un policía, como espetan los apresurados (no otorga al profesor potestad legítima de usar la fuerza), sino de proteger la función institucional unida y a su persona y distinta de ella. Es como la teoría de los dos cuerpos del rey de Kantorowicz, nacida de la distinción canónica medieval entre el individuo mortal que porta la dignidad y la dignidad inmortal que porta, o entre la persona natural y la persona artificial y política (ya habrán notado que esto viene de otro dogma: la doble naturaleza de Cristo). Pero así son las cosas: en el lenguaje de hoy, sería distinguir entre el individuo y la función, el rol, el cargo. El rey puede ser idiota, pero es el rey, y otro tanto el profesor.

Por último, procedimientos disciplinarios rápidos, pero fríos. Creo que el más equilibrado es enviar al alumno al despacho del director y que éste proceda, evitando que coincidan conflicto y sanción, acaloro y decisión, el profesor como parte y como juez. El mayor obstáculo puede que no sea la falta de reconocimiento de la autoridad del profesorado por la sociedad, como suele decirse, sino la de la autoridad del director por los profesores.

Mis amigos progres se impacientan: hay que educar, prevenir, mediar… no reprimir. De acuerdo: sólo es para cuando falle. El reverso de la autoridad es la responsabilidad, pero ya no cabe en esta columna. Hasta la próxima.