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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

4 feb. 2007

Aritmética popular

El último barómetro del CIS pregunta a la población si cree que el estado gasta demasiado, lo justo o demasiado poco en la enseñanza, respuestas que suscriben, respectivamente, 2.2, 31.6 y 56.7 de los encuestados. Si depende de la opinión pública, pues (y los gobiernos democráticos siempre dependen de ella), no disminuirá sino que aumentará el presupuesto educacional. El personal, por cierto, no es tan generoso cuando se trata de la Universidad, pues los porcentajes pasan a 2.7, 30.9 y 43.8.

Lo interesante, sin embargo, viene después, cuando se pregunta en qué debería invertir más el gobierno, contraponiendo la educación, sucesivamente, a la sanidad, las obras públicas, la justicia y las pensiones. Los ciudadanos creen claramente más importante gastar en educación que en obras públicas (77.1 vs. 18.1) y que en justicia (60.6 vs. 43.4), pero menos que en sanidad (35.8 vs. 56.3) y que en pensiones (38.2 vs. 56.2). El pueblo es viejo y sabio, consciente de que la educación es importante, pero no ciego ante el hecho de que España no es un país de niños, sino de viejos, lo cual impone otras prioridades presupuestarias. El profesorado debería tomar nota y, en un país de recursos escasos, como todos, y población envejecida como pocos, comprender que tan importante o más que destinar recursos adicionales a la educación en general o a algunos de sus objetivos en particular es aprovechar mejor los recursos que ya existen, lo que a menudo sería bastante sencillo.

Un segundo acierto popular es señalar que la enseñanza universitaria no tiene por qué ver aumentar los recursos públicos que recibe en la misma proporción. Yo lo suscribo, y no porque piense que no los necesita, ya que han aumentado mucho menos por alumno en un contexto igualmente cambiante y más competitivo, sino porque creo que el dinero de todos no debe financiar los privilegios de algunos. Lo que hay que hacer es elevar las cuotas, si bien acompañado de becas y préstamos.