6 dic. 2006

¡Ségolène a los leones!

La Sra. Royal va a presidir Francia, una buena noticia para todos por dos motivos. Porque es mujer, y eso debe alegrar a sus congéneres como otro indicio de que éste será su siglo (quizá no tarden Hilary… o Mª Teresa) y al sexo en reubicación porque ayuda a redimir una culpa histórica. Y también porque es inteligente y atrevida, dispuesta a repensar el legado de la izquierda, escuchar y aprender lo que valga la pena de la derecha y buscar nuevas soluciones sin abandonar una perspectiva emancipatoria e igualitaria. Me gusta, como me gusta (excepto por Iraq) Blair, de quien aquí sólo se dicen tonterías basadas en la ignorancia.

Su gran oponente, y su opuesto, era Laurent Fabius, ese tipo que cuando gobierna es de derechas y en la oposición se maquilla de izquierdas (antieuropeo y guardián de las esencias). El mismo que, al saber de la candidatura de Royal, dijo: “¿Quién cuidará de los niños?” Nadie duda que de su entorno ha salido, precisamente, el último golpe bajo contra ella: el vídeo de una reunión interna del PS en la cual comentó que tal vez hubiese llegado el momento de que los profesores pasaran sus 35 horas en el centro y de que pudieran atender a sus alumnos fuera de clase en vez de trabajar por la tarde en academias particulares.

Al margen del debate sobre el horario y la dedicación del profesorado (lo del horario y la atención me parece acertado, lo de la actividad privada anecdótico), la moraleja de la historia está en lo que ese tipo, Fabius, esperaba que hicieran: devorar a Royal, lo cual da idea del desmesurado peso del gremio en la política, más aún en la izquierda (20% de la miitancia socialista, sin duda más de su estructura), y de qué cree él (que será infame, pero no tonto) que les ha traído ahí. Por fortuna, las primarias fueron aplastantes y puede que hasta les profs pensaran que Royal tenía razón o, al menos, que eso no debía determinar la política del país.