13 nov. 2006

Fichar o no fichar…

Se encocora un docente conmigo por sugerir que fichen en los centros y me pregunta otro, sin segundas, si se hace en la Universidad. Quiero responder con claridad a la segunda pregunta: no, ni se ficha ni se debe. Se hizo en algún momento, a principios de los ochenta: bien firmar una vez al día, bien firmar antes y después de las clases y no sirvió de nada.

La cuestión, que sonará horrible a los bienpensantes, es que todo trabajador por cuenta ajena ha de ser controlado. Si tus ingresos no dependen de la duración, la calidad ni la intensidad de tu trabajo, la tendencia es a no trabajar (el derecho a la pereza, que decía Lafargue, dando la vuelta en la forma, no en el contenido, a la idea del pecado original). Sólo el trabajador por cuenta propia está libre de sospecha, ya que es su propio patrón.

Pero hay dos formas de control: sobre el proceso y sobre los resultados. En la Universidad se puede trabajar incluso menos que en primaria y secundaria, si bien se suele trabajar más: hay laboratorios con camas para no despegarse del experimento y mucha gente para la que festivos y vacaciones son el periodo de más trabajo. Pero en la Universidad el control debe ser sobre los resultados (investigación y publicaciones ante todo), con independencia del proceso: si trabajas mucho pero no produces nada, no tienes sitio en ella. En primaria y secundaria debe ser sobre el proceso: dar clases, atender a alumnos y padres, otras tareas del centro. Hay una parte adicional, solitaria: corregir pruebas, preparar clases y actividades, etc., pero estaría mejor garantizada por la permanencia en el centro que por cualquier presunción sobre lo que se hace fuera de él. Deben añadirse en la Universidad cierto control del proceso (clases y tutorías) y en primaria y secundaria del resultado (una programación razonable, no producir desastres), pero sólo con carácter complementario. El problema, aquí y allá, es la impunidad del funcionariado.