2 oct. 2006

Una modesta propuesta

Hace tiempo vengo sugiriendo introducir un reloj para fichar en los centros. Que otros lo crean ofensivo o suicida no significa que lo diga como una simple boutade. Naturalmente, nadie me ha hecho caso aquí, pero algo parecido acaba de proponer la más que probable candidata presidencial de la izquierda francesa y atípica militante socialista Ségolène Royal: “se puede exigir a los enseñantes permanecer en el puesto si hay despachos, ordenadores y lugares donde recibir a los padres.”

Yo diría más. Hay que pasar de la actual perspectiva, que la única obligación horaria indiscutible del docente son las clases y todo lo demás es cuestionable (guardias, tutorías, atención a los padres) o puramente graciable (la diferencia entre las horas semanales contratadas y pagadas y las de permanencia y o entre el calendario laboral y el lectivo), o sea, todo ello voluntario, realmente no exigible o, como suele decirse, vocacional (lo haces si quieres y, si no, pues no), a la opuesta, a saber: el profesor ha de cumplir todo su horario y todo su calendario en su puesto de trabajo, pero con toda la flexibilidad para ir a trabajar a otro sitio cuando convenga. Esto significaría poder ir en cualquier momento (fuera del horario docente o de atención) a la biblioteca, al centro de profesores, a trabajar con unos colegas en otro centro, a un seminario, etc. La cuestión es pasar de la idea de que se está en el centro cuando no queda más remedio a la de que se sale de él cuando hace falta. Así trabajan, en general, los altos cuadros de cualquier organización: nadie les impide ir allá o acullá, pero tampoco se duda que antes y después estarán en su puesto. Faltan, es cierto, espacios específicos y equipados, pero eso tiene fácil solución con los presupuestos y la matrícula actuales; faltan también, y eso sí es problema, exigencia social, conciencia profesional y voluntad política.