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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

7 abr. 2006

Naciones de ida y vuelta

Entre las paradojas más sorprendentes del sistema educativo español se encuentran, a mi entender, la inmersión lingüística en las escuelas de Cataluña o la descarada promoción oficial del modelo D en las escuelas del País Vasco, es decir, la imposición de la lengua de la nacionalidad como lengua vehicular y la reducción de la lengua de la nación al papel de una asignatura más, en vez de la coexistencia de ambas como vehiculares en equilibrio e igualdad, es decir, fifty-fifty en cada centro y en la escolaridad obligatoria de cada alumno.

Tal vez la confluencia de intereses fuera imparable. Los nacionalistas, aunque a la hora de buscar legitimación suelen proclamar que la lengua, la identidad, la pertenencia, etc., se llevan dentro, saben muy bien que se imponen desde fuera y nunca han dudado en utilizar para ello todos los resortes de la escuela. Los grandes partidos nacionales, PSOE y PP, han tenido que ceder durante la mitad de sus años de gobierno a las presiones de los nacionalistas porque no han tenido el valor de reformar un sistema electoral que da a éstos muchos escaños con pocos votos y los convierte en aliados imprescindibles (a falta, claro está, de un acuerdo entre ellos mismos imposible mientras el extremismo domine al PP), ya que también a ellos les beneficia. Los profesores locales no han sabido resistir la tentación de beneficiarse de la ventaja gratuita de hacer valer la lengua exclusiva (pues propias son ambas) como lengua excluyente en la competencia por unos puestos de trabajo muy codiciados (muchos los denigran, pero muy pocos los abandonan).

Así, en las nacionalidades (colectividades que pudieron ser, no fueron, pero podrían ser naciones) los nacionalistas construyen a marchas forzadas su nación, mientras que en la nación realmente existente los partidos que la reconocen como tal contemplan impotentes su disolución de en ciertos territorios.

enguita@usal.es