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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

26 feb. 2006

Democracia totalitaria

Cada mes me llega el caso de otro colegio donde los profesores proponen la jornada continua, una parte de los padres se opone, aquéllos movilizan a la otra, la cosa se envenena y la comunidad se va al carajo.

Lo que más me choca es el empeño cerril en decidir democráticamente. La democracia, con cautelas, es el mejor mecanismo de decisión colectiva, pero ésta no es siempre la mejor forma de decidir. Si somos un ahorrador y dos despilfarradores, éstos pueden expropiar democráticamente a aquél (en nombre de la igualdad, por supuesto). Si hombres y pollos votaran la dieta humana, sería vegetariana. Si los alumnos decidieran los programas, en vez de libros habría videojuegos.

Votar la jornada es como votar la sexualidad: la mayoría sofoca a la minoría y lo hace convencida de que lo suyo es lo mejor para todos. La jornada es un asunto complejo: en términos biológicos, la natural es la partida; en términos sociales, para muchos es mejor la continua. Lo mejor para unos, en todo caso, puede ser lo peor para otros. Pero el mejor juez de las necesidades, dificultades y posibilidades del alumno, que es menor, son sus padres, que lo conocen más y quieren lo mejor para él (sin cobrar). Que elijan individualmente la jornada que prefieran y que los centros se adapten a la una, a la otra o a las dos, algo factible excepto en escasas escuelitas rurales.

Pero los maestros no quieren porque quedarían fuera del proceso decisorio y saben que, a base de matraca, los padres acabarán cediendo. Las autoridades temen enfrentarse al gremio como a la peste. Y las asociaciones de padres de la escuela estatal, adoctrinados en la defensa de lo público, creen que elegir es neoliberal, luego perverso. Así, una larga marcha hacia la jornada matinal a través de una bronca sin fin. Y qué decir de la secundaria, donde no hizo falta ni democracia: ¡eso sí que es poderío!.

Más info en http://casus.usal.es/orgyprof/jornadaescolar.htm.