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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

29 ene. 2006

Maestres y alumnes

“Los maestros tutores y las maestras tutoras serán formados y formadas para hacer de los niños y las niñas los ciudadanos y ciudadanas del día de mañana…”, etc., etc. Una cosa es señalar oportunamente los dos sexos o la feminización de un colectivo y otra esas cacofonías delirantes que sólo se escuchan, claro está, en el gremio. Prefiero no imaginar la reacción del adolescente que envía el SMS: “taptc vnirt mñn a ks? ms padrs s vn y m qdo slo” (¿Te apetece venirte mañana a casa? Mis padres se van y me quedo solo).

La moda vino del inglés, en que ni sustantivos ni adjetivos tienen género, por lo que un par de he or she, his or her, him or her, brevísimos y raramente necesarios, más los improbables postpeople, statespeople, taxpeople…, que no ocupan más que postman y demás, dejan limpio de sesgo sexista cualquier discurso. Pero, por desgracia, en español, como en francés y en otras lenguas, la práctica totalidad de los sustantivos y adjetivos llevan género, con lo que el doblete sistemático resulta tedioso y distrae a quien habla o escucha de lo fundamental. Por si fuera poco, cierto activismo disfruta inventando o reinventaando voces tan superfluas como jueza, presidenta, concejala… (que, curiosamente, eran las formas coloquiales de designar a las esposas de los varones en esos cargos), y la Academia, que ya se lució con el alucinante güisqui, lo asume.

El lenguaje es ciertamente sexista, pero eso no lo arreglarán artificios disfuncionales que nunca llegarán ni a la lengua culta ni a la popular, que no saldrán nunca de la jerga, por más que encajen con la corrección o la hipocresía pedagógicas o políticas. Mejor sería reformarlo de una vez por todas, por ejemplo distinguiendo los maestros (ellos), las maestras (ellas) y les maestres (ambos), etc. Llevaría un par de generaciones, pero más difícil era alfabetizar la escritura china o euskaldunizar el País Vasco y se está haciendo. Para eso pueden contar con mi firma.