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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

14 nov. 2005

Saramago como síntoma

« El narrador dejó claro que "instruir no es educar y que educar no necesariamente es instruir", al tiempo que puso énfasis en destacar que la escuela "no puede ni sabe educar; su función es instruir". Saramago adjudicó a la familia y a la sociedad la ineludible tarea de educar y llamó "héroes" a los docentes y profesores que imparten clases en aulas donde abundan el acoso y la violencia escolar. » (La Nación, Buenos Aires, 25/10/05)

Siempre se afirmó lo contrario, que el papel de la escuela era educar y no sólo instruir, y no veo motivo para dejar de hacerlo. Por lo demás, Saramago es un gran novelista, intelectual comprometido y adalid de la cultura (y, por tanto, de la educación y la enseñanza), pero de ningún modo un experto en educación, de manera que quizá habría que dejar, simplemente, que diga lo que quiera.

Pero se equivoca. No porque no corresponda la educación también a la familia y a la sociedad, ni porque no puedan educar incluso los no instruidos, como en otro momento afirmó, sino porque también debe hacerlo a la escuela y, en cierto aspecto, sólo ella puede hacerlo. Piénse, por ejemplo, en la formación para la convivencia con el otro y en la solidaridad. A diferencia de la familia, la escuela es un escenario plural, multicultural, con ricos y pobres, con vínculos débiles e impersonales; a diferencia de “la sociedad” (es decir, del barrio y otros escenarios de socialidad de la infancia), es un ámbito bajo control adulto, deliberadamente diseñado, reflexivo…; a diferencia de ambas, está dirigido por especialistas, se supone, en educación.

El problema no es qué dice Saramago, sino por qué. Y lo hace, seguramente, porque, como tantos intelectuales celebrados desde el mundo de la educación, no ha podido escapar al cerco de esos héroes que no paran de quejarse de las horrendas condiciones en que tienen que realizar su trabajo, la irresponsabilidad familiar, el abandono social, etc. Son los tiempos que corren.