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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

21 jul. 2005

¡En horario lectivo!

Hace unos días, en el coloquio posterior a una conferencia, un docente lanzó una encendida denuncia del maltrato al que, según él, se vería sometido el profesorado de la enseñanza pública (el de la privada trabaja más y cobra menos, pero recordarlo sería cuestionar el pretendido acoso contra la pública). El rosario —por que es un rosario, en el fondo y en la forma— de críticas incluía una que, siempre que la he oído o leído —y lo he hecho muchas veces—, me ha llamado poderosamente la atención: no se ofrece suficiente formación en horario lectivo. No voy a discutir si es o no suficiente, ni si tiene sentido que sea voluntaria, ni la incongruencia de que no se evalúe a los formados. Lo gordo es lo del horario, pues un docente tiene a la semana 35 o 37,5 horas laborales y entre 12 y 20 lectivas. Si mis cálculos no fallan, restan entre 15 y 25 que, al cabo del año, y aparte de otras tareas, llegan para formación. Además, tiene un calendario laboral de 11 meses, de los que son lectivos entre 8 y 9, lo cual deja aún más tiempo disponible.
Intento entender, pues, lo del horario lectivo, aunque me cuesta. Una posible interpretación es que alguien piense que es más de izquierdas reivindicarla en el lectivo que sólo en el laboral (en muchas ocupaciones tiene lugar fuera de ambos), pero me resisto a aceptar tal simpleza. Más verosímil parece otra: hay docentes para quienes cualquier motivo es bueno para dejar el aula, y el de la formación sería excelente por entretenido, justificado, gregario, etc. También cabe una tercera: algunos confunden horario lectivo y horario laboral, y no precisamente porque hayan ampliado el primero hasta abarcar el segundo sino porque han comprimido éste hasta reducirlo a aquél. Cómo se les ha tolerado, consideran ya una agresión que se les pida algo más. Siempre ha habido y habrá holgazanes y tramposos; lo preocupante es que encuentren cobertura ideológica y organizativa.