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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

14 abr. 2005

Masificación, IV: recursos

Hace un mes explicaba el hiato entre una curva de costes crecientes (alumnos cada vez más difíciles) y otra de rendimientos decrecientes (profesores cada vez menos eficaces). Nunca me ha gustado la obsesiva demanda de ¡Más recursos! que siempre sigue a las reformas (suena, con demasiada frecuencia, a excusa y a dejación de responsabilidad), pero si tiene alguna justificación es ésta. La progresión aritmética del alumnado requiere una progresión geométrica (pues cada alumno adicional necesita más) y hasta exponencial (pues cada profesor adicional añade menos) del profesorado.
Parecería una trampa insalvable, conducente a objetivos inalcanzables o a demandas inatendibles, pero pudiera no ser tan grave. También puse el ejemplo de la agricultura, al que podemos volver: ¿cómo hemos sobrevivido a que tanto cada parcela adicional como cada unidad adicional de trabajo sobre la misma parcela sean menos productivos?; ¿por qué no hemos perecido de hambre, como predijo Malthus? (hay hambre, mas no por falta de alimentos). Porque han cambiado las tecnologías: abonos, mecanización, plaguicidas, invernaderos, sistemas de riego, nuevas especies…

En la escuela, otro tanto. Parte de la solución reside en las tecnologías de la información, tan infrautilizadas todavía a pesar de su evidente superioridad en muchos terrenos sobre la pizarra y el libro de texto; otra parte en las tecnologías del aprendizaje, i.e. en la pedagogía, que ofrece, ya se sabe, muchas más opciones que dar y tomar la lección; otra, en fin, en las tecnologías organizativas, que deben hacer de cada centro más que una suma de profesores y de cada profesor más de lo que sería por sí solo. Todas dependen, ante todo, del buen empleo del recurso fundamental de la institución: el profesor. Otra escuela es posible, sí, pero puede y debe lograrse con estos mismos mimbres, empezando por usar mejor lo que ya tenemos. ¿O no era eso lo que se quería decir?

Publicado en Escuela