29 ene. 2005

LO NORMAL Y LO PATOLÓGICO

El arzobispo de Pamplona, obispo de Tudela y secretario de la Conferencia Episcopal, Fernando Sebastián, asegura que la homosexualidad obedece a “una personalidad mal configurada, psicológicamente mal resuelta”, y alerta de una posible “epidemia”. El obispo de Mondoñedo-Ferrol, José Gea Escolano, declara que “una cosa es tener tendencias homosexuales y, otra, practicar la homosexualidad o el robo o el asesinato.” El de Alcalá, Jesús Catalá, califica la homosexualidad de “anormalidad psicológica” que “se cura” con tratamiento médico. El de Segorbe-Castellón, Juan Antonio Reig Pla, lamenta que la educación sexual se reduzca “a lo que se llama sexo seguro, al reparto de preservativos y a la movilización [¡!] y exaltación de la homosexualidad y el lesbianismo” y añade que las uniones de hecho son “patológicas”.
Para qué discutir. Estos expertos sexuales definen alegremente lo normal y, de rebote, lo patológico. Si se limitasen a informar de lo que consideran típico o atípico, o a señalar lo que contraviene sus normas sin querer imponerlas a los demás, todo iría bien: de gustibus non est dispuntandum. Pero el respeto a la libertad ajena nunca fue su fuerte.
Bueno, pues estos sujetos y otros como ellos seleccionan y aleccionan a más de 17000 profesores de religión en centros públicos (a los que paradójicamente paga el Estado y cuyo puesto de trabajo defiende algún sindicato despistado) y a casi 9000 profesores religiosos en centros privados católicos; y sus criterios pesan mucho en la selección de más de otros 72000 profesores seglares en éstos (FERE, Informe 2002-2003). Sumados, los 100000 hijos de S. Luis.
Vale la enseñanza, pero no la educación sectaria. Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios —y la escuela es del César. Creo que va llegando la hora de culminar la separación iglesia-Estado, evacuando definitivamente a aquélla de las instituciones públicas. Sin prisas, pero sin pausas.

(Publicado en Escuela)