11 mar. 2004

NUNCA MÁS


62 muertos confirmados, por el momento, en Madrid.

Brutales, fanáticos, incivilizados, infrahumanos, seguro que no muy inteligentes, pero hay que suponer que los terroristas, en todo caso, razonan. Y, como cualquiera, a la hora de actuar o de dejar de hacerlo, habrán de sopesar los previsibles beneficios y perjuicios que sus opciones tendrán tanto para ellos como para sus fines, es decir, tanto para sus personas como para sus objetivos políticos. Por eso la lucha contra el terrorismo ha de tener dos ejes: minimizar, reducir hasta cero sus posibles ganancias y maximizar sin esperanza sus previsibles costes.

El grado cero de los beneficios sería la absoluta determinación de unos y y la definitiva convicción de otros de que nada se conseguirá por las armas ni con ellas, es decir, la congelación de cualquier reconsideración de las relaciones entre España y su parte Euskadi mientras no haya sido finalmente erradicada la violencia. Ni "Plan Ibarretxe" ni ninguna otra renegociación del Estatuto de Gernika, al mismo tiempo que se mantiene abierta la puerta que siempre lo ha estado para la revisión de la Constitución misma y los demás Estatutos autonómicos, por las vías establecidas en una y otros. Para ello bastaría un acuerdo con mayoría suficiente en el Congreso.

El grado máximo de los costes sería un acuerdo prohibiendo con carácter definitivo cualquier medida de gracia o perdón para los terroristas (salvo eventuales pagos por delaciones fructíferas) y acompañado de su traslado definitivo fuera y lejos del País Vasco, con la finalidad de dejar claro que ni siquiera con una improbable independencia de Euskadi dejarían de cumplir íntegras las penas impuestas por la ley española. No desconozco las dolorosas consecuencias para las familias, pero las que reniegan del terror lo comprenderán y las que lo apoyan no merecen mejor trato.